Estándares éticos

Material educativo

La ética es el fundamento de toda actividad profesional relacionada con la salud mental, el sufrimiento humano y las relaciones de confianza. En el Instituto de Psicología Médica, Psicooncología y Psicosomática partimos de que la competencia profesional es inseparable de la responsabilidad hacia la persona, su dignidad, sus derechos, su autonomía y su historia personal. Nuestros estándares éticos se aplican en todas las áreas de actividad del Instituto: trabajo clínico, evaluación psicológica, psicoterapia, formación, supervisión, investigación científica, actividad editorial y trabajo con organizaciones asociadas. Cada especialista asume la responsabilidad profesional individual de su trabajo y sigue los estándares éticos de su profesión, la legislación aplicable y los principios adoptados por el Instituto.

Respeto a la dignidad humana

Toda persona tiene derecho a ser tratada con respeto, con independencia de su estado de salud, edad, sexo, situación social, origen, convicciones, identidad u otras características individuales. No admitimos la discriminación, la estigmatización, el trato degradante ni el aprovechamiento de la vulnerabilidad de la persona. Prestamos especial atención a las personas que se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad psicológica, social o médica.

Autonomía y consentimiento informado

La persona tiene derecho a participar activamente en las decisiones que afectan a su atención psicológica. Antes de iniciar una evaluación, un asesoramiento, una psicoterapia u otra intervención profesional, se le proporciona información comprensible sobre su objetivo, su naturaleza, sus condiciones y sus posibles limitaciones. La participación en el trabajo psicológico o psicoterapéutico es voluntaria, salvo en los casos expresamente previstos por la ley. La persona tiene derecho a formular preguntas, a rechazar la intervención propuesta y a poner fin a su participación.

Confidencialidad y protección de la información personal

La información compartida en el marco de la relación profesional se trata como confidencial. Los datos personales y sensibles se recogen, conservan y utilizan únicamente en la medida en que sean necesarios para el fin profesional, científico o administrativo concreto y con observancia de los requisitos aplicables en materia de protección de datos personales. Desde el inicio del trabajo profesional, la persona debe ser informada también de los límites de la confidencialidad, incluidos los casos en los que la ley o un riesgo inmediato para la vida y la seguridad puedan obligar a facilitar determinada información. En el trabajo dentro de un equipo médico multidisciplinar se comparte únicamente la información necesaria para una atención de calidad y segura al paciente, con observancia de los requisitos profesionales y legales aplicables.

Competencia profesional

Los especialistas trabajan exclusivamente dentro de los límites de su formación, cualificación y competencia profesionales. No se emprenden actividades diagnósticas, terapéuticas ni otras actividades profesionales para las que el especialista no disponga de la preparación necesaria. Cuando las necesidades de la persona exceden la competencia del profesional concreto, debe derivársela a un especialista o servicio adecuado. El mantenimiento de la competencia profesional exige formación continuada, seguimiento de la evolución del conocimiento científico, supervisión y una valoración crítica de la propia práctica.

Fundamentación científica

Las actividades clínicas, diagnósticas y formativas del Instituto se basan en el conocimiento científico actual, en estándares profesionales consolidados y en la valoración crítica de la evidencia disponible. No respaldamos prácticas que presenten afirmaciones no demostradas como hechos científicamente establecidos, ni métodos que puedan inducir a error a los pacientes o generar expectativas poco realistas sobre los resultados de la atención psicológica o médica. La honestidad profesional exige distinguir con claridad entre el conocimiento científicamente establecido, la hipótesis clínica y la opinión profesional personal.

El principio de no maleficencia

Toda intervención profesional debe valorarse no solo en función de su beneficio potencial, sino también de los posibles riesgos para la persona. Los especialistas están obligados a evitar acciones que puedan causar un daño psicológico, social o de otro tipo innecesario, así como a reconocer las situaciones en las que continuar una determinada intervención no redunda en interés del paciente.

Límites profesionales

El trabajo psicológico y psicoterapéutico crea relaciones de confianza que presuponen unos límites profesionales claros. No se admite el uso de la posición profesional para obtener beneficios personales, económicos, sexuales, sociales o de otro tipo. Se evitan las relaciones y situaciones que puedan alterar el juicio profesional, generar dependencia o dar lugar a un conflicto entre los intereses del especialista y los de la persona con la que trabaja.

Conflicto de intereses

Los especialistas y los miembros de los órganos del Instituto deben reconocer y declarar las circunstancias que puedan influir, de forma real o potencial, en su independencia profesional o científica. Las relaciones económicas, las dependencias institucionales, la participación en proyectos y otros posibles conflictos de intereses deben gestionarse con transparencia.

Ética de la evaluación psicológica

Los instrumentos psicológicos se utilizan únicamente cuando son adecuados para el fin concreto y cuando el especialista posee la competencia necesaria para su aplicación e interpretación. Los resultados no se consideran aisladamente del contexto clínico y vital, ni se utilizan para etiquetar o estigmatizar injustificadamente a la persona. Los materiales psicodiagnósticos, los métodos de evaluación y su contenido protegido se utilizan y conservan de manera que se preserven su fiabilidad profesional y los derechos aplicables sobre ellos.

Ética en la investigación científica

La actividad investigadora del Instituto se basa en el respeto a los derechos, la seguridad y el bienestar de los participantes. Las investigaciones con participación de personas deben contar con una fundamentación científica clara, una metodología adecuada, una valoración de los beneficios y riesgos potenciales y los procedimientos necesarios de consentimiento informado y de protección de la información personal. Se presta especial atención a las investigaciones con grupos vulnerables y con personas en situación de dependencia o con enfermedades graves. Cuando la naturaleza de la investigación lo requiere, el proyecto se somete a una evaluación ética independiente previa conforme a los requisitos normativos e institucionales aplicables.

Integridad académica

No admitimos el plagio, la fabricación o manipulación de datos, la autoría indebida, la ocultación de conflictos de intereses relevantes ni otras formas de vulneración de la integridad académica. La autoría y la contribución a publicaciones científicas, materiales formativos y otros productos académicos deben reflejar la aportación real de los especialistas participantes. Los errores forman parte del proceso científico. Su ocultación, no. Cuando se detecta una inexactitud relevante, el Instituto promueve su corrección oportuna y la transparencia respecto de los cambios introducidos.

Estándares éticos en la formación y la supervisión

Los programas formativos del Instituto se desarrollan con criterios claros de participación, evaluación y certificación. Las relaciones entre docentes, supervisores y alumnos se basan en el respeto profesional y en unos límites claros. No se admite el abuso de la posición académica, la discriminación, la humillación ni el aprovechamiento de la dependencia del alumno. Cuando en la formación se utilizan casos clínicos, la información se presenta de manera que se protejan la identidad, la dignidad y la confidencialidad de los pacientes.

Trabajo con niños y personas vulnerables

En el trabajo con niños, con personas con capacidad limitada para tomar decisiones de forma autónoma o con otros grupos vulnerables, prevalece el interés superior de la persona. La información se proporciona de un modo adaptado a la edad, el desarrollo y la capacidad de comprensión, respetando los requisitos de consentimiento y de participación de los representantes legales cuando proceda. La vulnerabilidad nunca debe convertirse en motivo para restringir la dignidad o la voz de la persona.

Responsabilidad ética hacia la sociedad

La responsabilidad profesional no termina en la consulta. El Instituto promueve una comunicación pública sobre la salud mental basada en la evidencia científica, el respeto y la responsabilidad. No aceptamos el uso del miedo, del lenguaje estigmatizante, del sensacionalismo ni de afirmaciones engañosas al comunicar sobre temas relacionados con la salud mental y las enfermedades. Cuando nuestros especialistas participan en el debate público, deben distinguir con claridad la experiencia profesional de la opinión personal y evitar emitir diagnósticos clínicos sobre personas que no han sido evaluadas profesionalmente.

Responsabilidad y mecanismos para el examen de cuestiones éticas

Los estándares éticos solo tienen sentido cuando pueden aplicarse en la práctica. El Instituto fomenta la discusión de casos éticos complejos, la consulta profesional y la supervisión. Ante la sospecha de una vulneración de los estándares profesionales o éticos, debe existir un mecanismo claro, justo y confidencial para la presentación y el examen de comunicaciones. Las cuestiones éticas se examinan sin prejuicios, protegiendo los derechos de todas las partes afectadas y distinguiendo con claridad entre error profesional, conflicto ético y vulneración.

Nuestro compromiso

Para el Instituto, la ética no es un requisito formal ni una declaración de buenas intenciones. Forma parte de la calidad del trabajo profesional. Aspiramos a un entorno en el que la persona pueda tener la seguridad de que será escuchada y respetada; el especialista, de que trabaja conforme a estándares profesionales claros; el alumno, de que los conocimientos y la evaluación se basan en la integridad académica; y la sociedad, de que las posiciones del Instituto son independientes, responsables y científicamente fundamentadas.

El conocimiento nos permite ayudar; la ética determina cómo utilizamos esa posibilidad.