Dra. Margarita Tareyn: la enfermedad es la prueba de fuego de las relaciones; la verdad sale a la luz

д-р Маргарита Тарейн
Dra. Tareyn, el principal enemigo de la persona actual resulta ser el estrés: médicos de todas las especialidades lo señalan como factor de riesgo para el desencadenamiento de una u otra enfermedad. ¿Cuáles son las señales de alarma que nos indican que el estrés ya ha empezado a minar nuestra salud?

La época en que vivimos ejerce una fuerte presión sobre nosotros. Nuestra vida está centrada en el logro y no en la vivencia. El estrés parece haberse convertido en un trofeo del que nos enorgullecemos. Creo que las señales de alarma son la sensación de saturación y cansancio, la pérdida de la sensación de satisfacción, la falta de paciencia, la precipitación, la irritabilidad. Esos momentos en los que la persona no tiene las fuerzas ni la libertad psíquica para vivir plenamente. Cuando siente que su vida está tomada por obligaciones y que parece no haber lugar para ella misma en su propia vida cotidiana. Un indicador importante son también los malestares físicos: la aparición de diversos síntomas, algunos más leves y pasajeros, u otros más graves, como el empeoramiento de quejas previas. Las investigaciones sobre la influencia del estrés en la vulnerabilidad a los procesos patológicos demuestran esta relación también en lo que respecta a las enfermedades graves.

¿En qué medida ha empeorado la pandemia nuestra salud mental? ¿Cuáles son los miedos más frecuentes en este sentido que minan aún más nuestra salud?

La pandemia nos ha afectado a una escala de la que, supongo, todavía no somos conscientes. Trae consigo una fuente muy importante de ansiedad y de sensación de amenaza: la imprevisibilidad. Todo lo que se sale de los parámetros habituales con los que estamos acostumbrados a pensar y de los límites que conocemos supone una dura prueba para nuestra psique. El miedo es a la muerte, a la separación, a la pérdida de nuestros seres queridos; a la culpa por poder contagiar a alguien y que eso tenga un desenlace fatal. Creo que prácticamente no hay ningún paciente que haya pasado por una hospitalización por covid que, en mayor o menor medida, no haya vivido un enfrentamiento con la muerte. La covid nos ha mostrado que todos somos vulnerables.

¿En qué consisten el biofeedback y el llamado arrastre audiovisual de las ondas cerebrales como procedimientos terapéuticos, y en qué enfermedades y estados se aplican?

Son procedimientos terapéuticos en los que, con ayuda de programas informáticos y de dispositivos especialmente diseñados, se logra una regulación no farmacológica del funcionamiento del sistema nervioso y de los procesos involuntarios del organismo. A escala mundial se aplican ampliamente en el tratamiento de síntomas como el dolor crónico, el cansancio, el insomnio, la ansiedad elevada, la sintomatología depresiva, la hipertensión, las dificultades en las funciones cognitivas, etc. Los aplican especialistas formados para trabajar con ellos.

¿Cómo se llevan a cabo los propios procedimientos?

Durante el procedimiento de entrenamiento en biofeedback se colocan en el cuerpo sensores especiales que envían señales a un monitor, el cual refleja mediante sonidos o luces la frecuencia cardiaca, la respiración, la temperatura de la piel, la sudoración y la actividad muscular. De este modo, las reacciones de estrés se visualizan de manera inmediata, en el momento y con la intensidad con que se producen. Sobre la base de esta retroalimentación directa, el entrenamiento en biofeedback permite entrenar al paciente para lograr el control de las reacciones involuntarias del cuerpo provocadas por las vivencias estresantes, como parte de la terapia de diversas enfermedades. Los procedimientos de arrastre audiovisual de las ondas cerebrales son de neurorrelajación y no requieren actividad por parte del paciente. Mediante unas gafas con diodos luminosos integrados y unos auriculares, se transmiten al cerebro pulsaciones lumínicas y sonoras específicas. Al modificar el ritmo y otros parámetros de esta estimulación sensorial, se favorece un cambio gradual de la activación cerebral hacia estados de relajación profunda, sueño, concentración tranquila o tonificación del sistema nervioso. El aparato funciona con distintos programas, orientados específicamente a la sintomatología concreta.

¿Tiene cabida el biofeedback en su práctica también con pacientes con enfermedades oncológicas?

En los pacientes oncológicos utilizamos el biofeedback para aliviar síntomas como el dolor crónico, el cansancio, el insomnio, las náuseas y los vómitos condicionados y la ansiedad elevada relacionada con las intervenciones médicas (por ejemplo, reacciones claustrofóbicas durante la realización de una RM, ataques de pánico relacionados con determinados procedimientos, etc.). Esto ayuda a reducir los efectos negativos de estas molestias sobre la calidad de vida del paciente y sobre su afrontamiento del tratamiento, evitando una carga farmacológica adicional y logrando un efecto más rápido que el que podría producir, por ejemplo, un trabajo psicoterapéutico. En los pacientes con otras enfermedades en las que influyen además factores psíquicos, o con quejas psicosomáticas más leves, los procedimientos se utilizan para aumentar la conciencia del paciente sobre sus sensaciones y reacciones corporales y para regular cambios como el aumento del pulso, de la presión arterial, la respiración acelerada, etc. Otra aplicación muy importante de estos procedimientos es la posibilidad de estudiar las reacciones corporales inconscientes en relación con determinadas vivencias emocionales. Gracias a ellos podemos registrar de forma inmediata los cambios corporales que se producen en relación con determinados pensamientos, recuerdos, asociaciones, etc., dolorosos o angustiosos.

¿Por qué estados pasa una persona cuando escucha su diagnóstico: cáncer?

Por lo general sobreviene un estado similar al shock y a la confusión, y la imposibilidad de pensar con serenidad. Irrumpen todo tipo de pensamientos aterradores y sentimientos dolorosos. Se pierde la sensación de seguridad; las ideas sobre la vida quedan como destruidas. Aparecen intensas sensaciones de amenaza, pérdida e inestabilidad. Algunas personas cuentan que, tras la comunicación del diagnóstico, ni siquiera saben cómo lograron volver a casa. O que tuvieron la sensación de perder por completo el suelo bajo los pies, incluso de estar volviéndose locas. En ese momento, la persona tiene una necesidad crítica de algo a lo que agarrarse, de alguien en quien apoyarse. Por eso es tan importante que, al comunicar el diagnóstico, los médicos informen obligatoriamente al paciente de las posibles opciones, por inciertas que todavía sean, para darle una idea abarcable de un apoyo, de un camino a partir de ahora; es decir, para ofrecer al paciente ese algo potencial al que pueda agarrarse.

¿Cuál es el momento más difícil para cada paciente y por qué?

Los momentos más críticos son tres. El primero es el que sigue al diagnóstico de la enfermedad, antes del inicio del tratamiento. Es el momento de la incertidumbre: la espera de los resultados, la recogida de opiniones, la búsqueda de un centro hospitalario, los miedos ante el tratamiento que se avecina, etc. El otro momento crítico es la aparición de una recidiva o la constatación de la progresión de la enfermedad. Aquí aparece la desesperación. Los pacientes suelen tener la sensación de que sus esfuerzos no tienen sentido, de pérdida de confianza en el tratamiento y en sí mismos. La esperanza empieza a parecer ingenuidad. El tercer momento, y el más crítico, es el agotamiento de las posibilidades de tratamiento. Un problema clave en el plano psíquico es aquí la sensación de abandono en el paciente.

¿Cuándo es más eficaz la intervención de un psicooncólogo como usted?

En los últimos años, mis colegas que trabajamos en el ámbito de la psicooncología y yo luchamos para que la ayuda psicológica no sea una excepción, sino una parte que acompañe al tratamiento médico. Estas iniciativas las inició hace mucho tiempo la Asociación de Pacientes con Enfermedades Oncológicas. La ayuda psicológica tiene su lugar en cada etapa de la enfermedad: desde el diagnóstico, pasando por el tratamiento activo, hasta los cuidados paliativos. Cada una de estas etapas enfrenta al paciente y a sus familiares y allegados a dificultades específicas cuyo afrontamiento puede verse considerablemente facilitado.

¿Son frecuentes los momentos suicidas en pacientes con enfermedades oncológicas incurables y en fase terminal? ¿Cómo pueden reconocer los familiares y allegados que una persona se encuentra en un momento tan crítico de su vida?

Los pensamientos suicidas en pacientes con enfermedad avanzada son, en general, poco frecuentes y suelen estar relacionados con un mal control de los síntomas. Estos son también, con mayor frecuencia, los motivos por los que se expresan deseos de eutanasia. Pueden deberse asimismo a una sintomatología depresiva subyacente o estar provocados por sentimientos de impotencia, de minusvalía y por la preocupación del paciente de ser una carga para sus seres queridos. Cuando aparecen, se parecen más bien a pensamientos que pasan por la mente o a comentarios que la persona deja caer a veces, pero rara vez llegan a materializarse en un acto suicida real. Estos pensamientos acompañan en ocasiones a los miedos relacionados con la enfermedad y con el proceso de morir; es decir, son una especie de intento tranquilizador de conservar el control sobre la muerte. Aquí quisiera subrayar que la enfermedad avanzada no se asocia necesariamente a la depresión, y menos aún a pensamientos suicidas, y que, cuando existen tales quejas, deben tenerse en cuenta igual que en las personas sanas: como un problema independiente al que hay que prestar atención. Al final de su vida, muchas personas logran mantener un buen estado de ánimo. En cualquier caso, los pensamientos suicidas alertan de una insuficiencia, de una brecha en la atención al paciente en alguno de sus aspectos: médico (control insuficiente de los síntomas, ausencia de vínculo con una figura médica de apoyo que sea para el paciente fuente de seguridad y medio para reducir la ansiedad) o psíquico (alguna carencia en el vínculo emocional con el paciente y en la adecuación a sus necesidades en ese momento). En otras palabras, las manifestaciones suicidas son una llamada de auxilio.

¿Cómo puede la psicooncología cambiar la actitud del enfermo oncológico ante su enfermedad, ante el dolor, ante el derrumbe total de su vida, asociado a la impotencia y a la dependencia de los cuidados de sus familiares y allegados?

La aparición de la enfermedad provoca «fracturas» en distintas esferas de la vida de la persona, específicas en cada paciente. Nuestro trabajo consiste en descubrir dónde está exactamente la «fractura» importante para cada paciente y ayudarle a reparar, a reconstruir algo en torno a ella, dando sentido a sus representaciones, sentimientos o acciones. Nos esforzamos por limitar el alcance de la sensación de derrumbe, como usted dice, por impedir que se extienda y por ayudar al paciente a descubrir sus posibilidades, a recuperar sus fuerzas para empezar a construir algo de nuevo, a veces incluso de una manera mejor que antes.

¿Tiene la enfermedad oncológica un efecto destructivo sobre las relaciones personales y familiares?

Por lo general, la enfermedad fortalece y profundiza las relaciones familiares. No pocas veces se convierte en ocasión para superar viejos conflictos, para que las personas se encuentren de otra manera y se acerquen mucho más. Pero también puede agravar problemas de larga data. La enfermedad es la prueba de fuego de las relaciones: la verdad sobre ellas sale a la luz.

¿Cómo deben relacionarse la familia y los amigos con un ser querido con una enfermedad oncológica grave?

Lo más importante cuando estamos junto a una persona enferma o que sufre es poder estar en sintonía con su estado y sus necesidades. ¡Y no confundirlas con las nuestras! Estar a su lado allí donde ella está. Acompañarla mientras recorre el camino hacia lo que es bueno para ella en ese momento. No imponernos, no adelantarnos. A veces, los familiares y allegados, con su mejor intención de ayudar, pueden resultar en realidad muy inadecuados: presionarla, imponerle la alegría y la vida cuando se siente tan lejos de ellas, bloquear la expresión de su pena y de sus miedos, tratarla como a un niño indefenso, etc., y, en definitiva, con todo ello dejarla completamente sola en su vivencia. Estas cosas son un motivo muy frecuente de las depresiones relacionadas con la enfermedad. Y si queremos comprender mejor qué le ocurre realmente a esa persona (como también en nuestras otras relaciones), debemos ser capaces de dejarla hablar, sin interrumpirla, sermonearla ni aconsejarla. Poder escucharla de verdad. De hecho, un porcentaje muy grande del propio trabajo psicoterapéutico consiste precisamente en esto.

Fuente: zdrave.to